San Sebastián: el protector de Yumbel

En la vida hay tiempos de sequía, de árboles sin frutos, de tierras estériles. Cuando llega la angustia, la ansiedad, los miedos o la soledad.

Frente a esto, para algunos existe una paz que sobrepasa todo entendimiento. En las fatigas renuevan sus fuerzas. Se afligen pero no se agobian. Siendo débiles se convierten en fuertes.

Dicen que en el sur de Chile, en la ciudad de Yumbel, existe un guerrero que entrena con las mejores armas para enfrentar todas las adversidades.

Si bien no es necesario pedir cita para ser recibido por él, la mayoría acude a verlo cada 20 de enero y 20 de marzo.

Su nombre es Sebastián y aseguran que quien le pide ayuda nunca queda defraudado porque sobre su rango existe otro más poderoso que habría peleado la más grande de las batallas.

Un soldado que protege con un escudo invisible a esta tierra fértil favoreciéndola con insospechadas cosechas abundantes.

Origen de la fiesta de San Sebastián de Yumbel

Sebastián nació en Narbona, durante el Imperio Romano, pero se educó en Milán. Fue soldado del ejército romano y del emperador Diocleciano, quien -desconociendo que era cristiano- llegó a nombrarlo jefe de la primera cohorte de la guardia pretoriana imperial.

Este respeto le valió la lealtad de los hombres a su cargo, los que sabían de su condición de cristiano, pero que no lo delataban cuando visitaba a los que estaban prisioneros a causa de su fe.

Sin embargo, los rumores de su astucia y valentía se propagaron rápidamente y el emperador le exigió escoger entre ser soldado romano o cristiano. Sebastián optó por su fe y lo ataron desnudo a un pilar donde le lanzaron flechas lejos de sus órganos vitales para que la muerte fuera lenta.

Cuando estaba agonizante fue rescatado por algunos amigos y llevado a la casa de una mujer cristiana que lo curó. Una vez restablecido, en vez de alejarse de Roma enfrentó al emperador con aún más fuerza. Al verlo se desconcertó y lo mandó a azotar hasta morir. Es por ello que tradicionalmente se le conoce como el gran defensor de la fe.

Pero ¿cómo esta devoción llegó al sur de Chile? Hubo un tiempo donde españoles y mapuches batallaron en estas tierras. Cuenta la historia que los soldados españoles llevaban a sus batallas la imagen de San Sebastián y en una huída decidieron enterrarla para que no fuera profanada.

Tiempo después la encontraron unos campesinos. Para ellos fue una señal providencial y milagrosa ya que el santo emergió de la tierra. Desde entonces le confían a él la protección de sus hogares y campos.