San Pedro: Pescador de hombres

Valparaíso, conocida como la “Joya del Pacífico”, ha sido retratada por miles de artistas con pincel, pluma y guitarra.

Ciudad chilena, cuyo centro histórico es patrimonio de la humanidad, y que se entrelaza por calles estrechas que forman parte de su azarosa arquitectura que atrae a miles de turistas. Tierra de inmigrantes, vida de puerto, de esfuerzo y hogar de tantos pescadores. Manos hábiles de uno de los oficios más antiguos de la historia.

En sus barcas no hay oro ni espadas, tan sólo redes y su trabajo. Hombres  llamados a remar mar adentro, donde las olas sacuden la barca y el alma se estremece. En esta peligrosa travesía, donde todo depende de la estabilidad de un bote, ellos saben que no están solos porque con ellos va otro que se embarcó aún en peores tormentas.

Es San Pedro, patrono de pescadores, cuya fiesta se celebra en distintas caletas y puertos del mundo. Un hombre sencillo y humilde, terco como una mula, pero que, paradójicamente, pese a su fragilidad, fue escogido por Cristo para ser la roca firme donde fundó la iglesia.

Los pescadores agradecen al santo por velar por la seguridad en la faena y le piden una abundante pesca para el año en el mes de junio.

¿Por qué confían tanto en él? ¿En qué podría ayudarles esta imagen para sobrevivir en medio del mar?

Origen de la fiesta de San Pedro

Pedro, antes llamado Simón, fue un pescador de Galilea. Hombre sencillo, con poca instrucción, que vivía de su modesto oficio cuya vida cambió radicalmente al conocer a quien se convertiría en su guía y maestro.

Cuando Jesucristo comenzaba a escoger a sus discípulos lo conoció y al mirarlo le dijo que en adelante lo llamaría Pedro que significa piedra. De esa manera le distinguió como fundamento de su iglesia.

Un día el maestro subió a la barca de Pedro y le mandó remar mar adentro y echar las redes para la pesca. Pedro le hizo notar que él y sus compañeros habían trabajado inútilmente toda la noche; pero añadió: «Ya que Tú me lo dices, echaré las redes». La captura resultó milagrosa y las barcas casi se hundían de tanta abundancia.

Viendo esto Simón Pedro, cayó de rodillas ante Jesús, diciendo: “Apártate de mí, Señor, porque soy un pecador”. Pero Él respondió: “No temas; desde ahora serás pescador de hombres”. En seguida llevaron sus barcas a tierra,  dejaron todo y lo siguieron.

Cristo acentuó la supremacía de Pedro entre los Apóstoles cuando, luego que lo reconoció como el Mesías, Él le prometió que encabezaría su rebaño y le anunció que le entregaría las llaves del Reino de los cielos. Es por ello que Pedro es considerado el primer Papa. No obstante su fe firme en Jesús, Pedro poseía un carácter indeciso, temeroso, impetuoso e impulsivo lo que se evidenció en distintos momentos pero más en la Pasión de Cristo.

Al estar todos reunidos en la Última Cena, Pedro declaró su lealtad y devoción a Jesús, pero él le aseguro que esa misma noche lo negaría tres veces. Y así sucedió, pero al tomar conciencia de lo que había hecho rompió a llorar amargamente. Pedro fue un pecador arrepentido y a pesar de su debilidad, luego de la resurrección, y en contraposición, le confirmó tres veces su amor a Jesús.

El Apóstol murió mártir en Roma en el año 67 cuando fueron presos San Pedro y San Pablo, por orden del emperador Nerón. San Pablo fue decapitado, mientras que pedro murió crucificado, cabeza abajo, en el mismo lugar en que hoy se venera su sepulcro y se eleva la Basílica vaticana.

La solemnidad conjunta de san Pedro y san Pablo es la conmemoración del martirio en Roma de los apóstoles celebrada a nivel mundial el 29 de junio de cada año.

Si bien no se han encontrado documentos relativos al inicio de la festividad en Chile, existen testimonios de su existencia en el país ya desde principios del siglo XIX.

Actualmente la celebración destaca por su gran valor patrimonial y turístico ya que se realizan procesiones con la figura del santo por tierra y en embarcaciones por el mar. Solo en la Región de Valparaíso existen más de 30 caletas que le rinden tributo al patrono de los pescadores y porteros.

Por un día, los hombres de mar dejan de lado su labor y enfocan todas sus fuerzas en el buen desarrollo de la fecha más importante para ellos y sus familias.