La Tirana: Un oasis en el desierto

Siglos atrás algunos explorados dedicaron toda su vida a la búsqueda de la fuente de la eterna juventud. Hoy en día muchos continuamos buscando otras fuentes de éxito, de satisfacción o de paz…

El corazón siempre está inquieto por algo más que pueda saciar el anhelo de encontrar un sentido ¿Habrá algún pozo que pueda dar alivio a un espíritu sediento?

Nos han contado que en medio del desierto, en el norte de Chile, en La Región de Tarapacá, existe un pueblo llamada La Tirana donde hay un pozo de agua viva. Dicen que el que beba de este supuesto elixir saciará su sed de felicidad…

Inevitablemente esto despierta nuestra curiosidad y nos ponemos en camino ¿Con qué nos encontraremos al final de esta travesía?

Origen de la fiesta: Nuestra Señora del Carmen de La Tirana

Existen varias leyendas en torno al origen del nombre “Tirana” que lleva este pueblo. Una de ellas relata que en 1535, en la primera expedición española a Chile, Diego de Almagro llevaba en su comitiva desde Cuzco a Paulino Tupac, príncipe de la familia imperial de los Incas, y Huillac Huma, último sumo sacerdote del desaparecido “culto al Sol”, junto a su hija, la princesa Ñusta Huillac. Secretamente también los acompañaban varios guerreros llamados wilkas.

Los  incas lograron huir de las huestes castellanas, muy debilitadas por el largo viaje por el desierto y siguieron a la hija del sacerdote inca hacia el bosque de los tamarugos.

Allí Ñusta Huillac se ganó la fama de temible guerrera de las pampas, por sus varias victorias frente a pueblos invasores por lo que se le comenzó a llamar: “La Tirana del Tamarugal”.

Un día llegó a su presencia un prisionero portugués llamado Vasco de Almeyda. Como no había sucedido antes, Ñusta Huillac tuvo hacia el prisionero, una mirada misericordiosa y le perdonó la vida.

Aquel día, la Tirana del Tamarugal se enamoró perdidamente de aquel prisionero portugués. Almeyda inmediatamente respondió a cada uno de los gestos de la princesa inca. Sin embargo, ella sabía que de seguir sus sentimientos, sus fieles guerreros tomarían la decisión de acabar con la vida de ambos, pues sería una traición.

Al ser descubierta su relación los condenaron a muerte. Almeyda le habló del cristianismo y de la vida eterna. Fue así que Ñusta Huillac le pidió al portugués que la bautizara. Inmediatamente  después fueron alcanzados por una lluvia de flechas que terminarían con sus vidas.

Los guerreros conmovidos decidieron dar cumplimiento a la última orden de su líder: colocar una cruz de madera sobre el lugar en que reposarían para siempre los cuerpos de los enamorados.

En 1550  fray Antonio Rondón, de la Orden de la Merced, encontró la cruz cristiana en medio del bosque de los tamarugos. Viendo en ello un indicio del cielo, edificó una iglesia bajo la advocación de Nuestra Señora del Carmen. Con el tiempo, este lugar se convirtió en centro de peregrinación.

La Reina del Tamarugal o “la Chinita” es como los peregrinos y los bailarines llaman a la Virgen, reina y servidora, a quien vienen a honrar con su música y su danza cada año para su fiesta el 16 de julio que convoca a más de 300 mil personas.