Cahuach: La isla de la devoción

Nos embarcamos en un viaje a lo desconocido. Una isla perdida al fin del mundo en el sur de Chile y más de 230 años de una celebración de fe.

¿De qué se trata esta nueva aventura? ¿A dónde nos llevará o más bien a quién? ¡Vamos a Cahuach, la isla de la devoción!

En este rincón del mundo cada 30 de agosto, en pleno invierno, niños, familias, ancianos, incluso enfermos, llegan contra viento y marea. Es la fiesta de Jesús Nazareno. Nació en esta isla, en el archipiélago de Chiloé,  pero se ha extendido a la Patagonia y Argentina.

Son miles los que acuden a verlo a su santuario. Ellos dicen que lo hacen por fe o por algo misterioso que los atrae.

Un pueblo acostumbrado a sobrevivir en medio de las dificultades y que ha encontrado su refugio en un hombre que carga la cruz por ellos.

Origen de la fiesta de Jesús Nazareno de Cahuach

La historia de esta imagen se remonta al año 1778 con el sacerdote franciscano Fray Hilario Martínez, que había llegado a esta tierras a compartir la fe con el pueblo indígena huilliche.

Cuenta la tradición hablada que el religioso al darse cuenta de lo divididos que estaban los distintos pueblos de la zona, decidió traer la imagen con la intención de unirlos en torno a ella como símbolo de paz.

No está claro si la imagen fue traída de España, Italia o de Perú, pero lo cierto es que su llegada produjo tanta expectación que todos querían quedarse con ella. Es por esto que a Fray Hilario se le ocurrió resolver el asunto organizando una competencia de remo.

El ganador, la isla de Caguach, fue la que finalmente se llevó el preciado premio.

Por eso también todos los años recuerdan ese hito reviviendo parte de la historia con esta carrera sobre el agua conocida como la Preba.

Un lugar con una profunda herencia de la labor misionera de jesuitas que se mantuvo por siglo y medio, dejando un legado imborrable en la identidad chilota.

Los jesuitas crearon un sistema de misión ambulante que recorría las islas del archipiélago y dejaba la actividad religiosa cotidiana al cuidado de los fiscales, quienes quedaban a cargo de la comunidad hasta la próxima visita anual de los misioneros.

Una figura nueva para nosotros, pero no para ellos pues es una tradición eclesial de más de 300 años.

Llama también la atención la belleza y tamaño de las capillas que construían los jesuitas. La idea de los misioneros era generar poblaciones reunidas en torno al centro natural que creaban las iglesias, como la de Cahuach que es un tesoro en sí misma, y que fue posteriormente declarada como patrimonio de la humanidad.